La fase de cosecha y las condiciones climáticas juegan un papel crucial en la producción de ciruelas deshidratadas. En 2025, el sector chileno ha enfrentado un inicio de temporada más gradual y una desaceleración moderada en volumen atribuida a factores climáticos menos favorables en algunas zonas productoras. Eventos como heladas, lluvias fuera de temporada o sequías pueden alterar la calidad y el volumen de fruta disponible para deshidratación, afectando directamente el rendimiento industrial.
Para mitigar estos efectos y asegurar una producción robusta, la industria está implementando estrategias clave. Se proyecta una mejor producción en la segunda mitad del año 2025, y se espera una mejor conversión de fruta fresca a deshidratada en esta temporada, con la observación de calibres de mayor tamaño que aumentan la percepción de calidad.
Además, el sector está adoptando sistemas de riego tecnificado, coberturas climáticas y selección genética de variedades más resistentes como parte de sus protocolos ecológicos y energéticos. Estas medidas son esenciales para mejorar la eficiencia operativa y gestionar los costos agrícolas ante la volatilidad climática. El objetivo es asegurar una oferta constante de fruta de calidad y consolidar el liderazgo chileno en el mercado global.
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