El mercado internacional de ciruela deshidratada llega al ciclo 2025/26 con un dato que debería encender alarmas en cualquier sala de reuniones del sector: la producción mundial no alcanza para cubrir la demanda. El déficit proyectado ronda las 12.000 toneladas métricas sobre un total de 193.000 TM producidas, lo que implica que los inventarios globales terminarán el ciclo en mínimos históricos.
En ese contexto —precios firmes, stocks bajos, demanda sostenida— Argentina llega con apenas 15.000 toneladas. Otra vez.
Un patrón que se repite
No es una mala temporada aislada. La producción argentina de ciruela deshidratada lleva varios ciclos consecutivos ubicándose por debajo de su capacidad estructural. La combinación de factores climáticos adversos y una reducción sostenida de la superficie cultivada ha consolidado este nivel como la nueva normalidad del sector, al menos por ahora.
Lo que cambia esta temporada es el escenario externo: el mundo tiene menos fruta de la que necesita, y Argentina tiene menos de lo que podría producir. La coincidencia de ambas caídas convierte lo que podría haber sido un año excepcional para los productores locales en una oportunidad parcialmente perdida.
El mercado que Argentina no puede aprovechar del todo
La producción mundial cayó aproximadamente un 6% respecto al ciclo anterior y cerca de un 10% frente a 2023/24. Ninguno de los grandes productores logró compensar:
- Chile cosechó alrededor de 75.000 TM —volumen medio—, pero con niveles de azúcar más bajos y calibres más pequeños que el año pasado. Los inventarios con los que el país llegó a la nueva campaña eran bajos, y la presión de la demanda china —tanto de fruta fresca como seca— sigue siendo intensa.
- California registró su tercera cosecha consecutiva a la baja, con unas 64.000 TM. La calidad es buena, pero el volumen no alcanza para reequilibrar el mercado global.
- Argentina cierra el cuadro con sus 15.000 TM, sin poder sumar el volumen que el mercado necesita.
Precios al alza: buenas noticias para quien tiene fruta
Con stocks globales en mínimos y consumo sostenido —impulsado por el crecimiento del segmento de snacks saludables a nivel mundial—, el mercado anticipa precios firmes o al alza durante el ciclo 2025/26. La presión será especialmente marcada en los calibres más grandes y de mayor calidad, que son los que mayor escasez relativa presentan.
Para Argentina, esta dinámica tiene una lectura agridulce: los precios favorecen al productor, pero hay poco volumen para vender. Cada tonelada vale más; el problema es que hay menos toneladas.
La pregunta de fondo
¿Cuántos ciclos más puede el sector argentino operar por debajo de su potencial antes de que la capacidad instalada se deteriore de forma irreversible? La respuesta depende, en parte, de decisiones que van más allá de la chacra: política de reconversión, acceso a financiamiento, articulación con mercados de destino y estrategias de largo plazo para recuperar superficie.
El mercado internacional ya está dando señales claras. La pregunta es si el sector argentino está en condiciones de escucharlas —y de actuar— antes de que la ventana se cierre.
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